Autor: Darwin Almeida Hari Damodara Dass – Escuela de Yoga de línea Vaishnava.

Edición: Gabriela Torres

Cuando escuchamos la palabra karma, la relacionamos normalmente con las cosas «malas» que hicimos y que volverán hacia nosotros. Esto genera muchas emociones que van desde el miedo hasta la sorpresa, pero siempre se ocultan en el desconocimiento.

Nuestra estructura psicofísica interactúa con el mundo externo y la energía dentro de nuestro cuerpo físico se encuentra repartida de tal manera, que estamos convencidos de que existe un mundo externo y otro individual que seríamos nosotros. Estos conceptos son dictados por nuestros sentidos que se comunican con la mente, la cual conceptualiza y genera: emociones, sentimientos y pensamientos que nos unen al exterior. El deseo de poseer es uno de los más manifiestos. Lo que miramos o percibimos con el olfato, gusto, tacto y oído, generan apegos y empezamos a considerarnos: Un nombre, nuestros apellidos, nuestra nacionalidad, el estatus social que tenemos, un título académico, etc. De esta manera, nos condicionamos en tal grado que experimentamos apego o aversión y nuestras relaciones están basadas en estos conceptos.

La ley de causa y efecto, condicionan al ser a vivir bajo conceptos equivocados, persiguiendo cosas que nos atan a nacimientos constantes hasta que comprendemos la clave de nuestra liberación.

Esta influencia está siempre presente, determinando el sitio, la familia, el nivel y las características físicas con las que nacemos, el tipo de vivencias a experimentar. Pero esto es diferente a lo que concebimos como «destino», porque nuestro karma puede ser alterado para nuestro beneficio cuando conocemos cómo manejarlo. Debemos saber también que existen tres clases de karma: positivo (sukrti), negativo (anarthas) y neutro.

Velas

Las formas más manifiestas para conocer nuestro karma son: nivel económico, conocimiento y sabiduría y belleza física. Acarreamos de vidas anteriores los pensamientos, palabras y acciones positivas, negativas o neutras que se manifiestan en estos tres aspectos. Saberlos utilizar en el presente se relaciona de gran manera con con el yoga y la meditación, determinando así la clase de karma que generamos para nuestro futuro.

Yoga

Por ejemplo, si tenemos belleza física, debemos aceptar la mutabilidad del mundo físico y los cambios a los que vamos a estar expuestos, porque fácilmente podemos caer en la arrogancia que inicia un karma negativo. De la misma forma si carecemos de atributos físicos, tratar de adquirirlos por medio de procedimientos quirúrgicos hace que alteremos nuestro karma natural, generando complicaciones a futuro que por lo general terminan en dolor y sufrimiento. Lo mismo aplicaremos para el nivel económico y el conocimiento o sabiduría con la que podemos aparecer en una vida. Pueden ser puertas para generar karmas negativos en el presente y permanecer atados a Samsara (el ciclo repetitivo de nacimientos y muertes).

A través del karma-yoga, aprendemos a usar pensamientos, palabras y acciones a nuestro favor obteniendo beneficio kármico para nuestro crecimiento. Muchos de nosotros deseamos salud, vitalidad y armonía, por lo cual es adecuado relacionarnos con nuestro entorno por medio de la bondad.

Gota de agua

Existen tres modalidades con las que los seres vivos nos identificamos: bondad, pasión e ignorancia. Por ejemplo si consumimos carnes, ingerimos muerte resultando un karma negativo como enfermedades graves, muy común en la modalidad de la ignorancia. De la misma forma las otras modalidades.

¿Cómo manejar la Ley del Karma?

Los maestros dan explicaciones muy profundas referentes a estos conceptos, pero en esencia podemos explicar que más que el tipo de acción, es importante la motivación en generar buen karma. Un claro ejemplo es la agresión física. Si una persona agrede con golpes a otra, incurre en un karma negativo para su evolución. Pero si esta misma acción se ejecuta para proteger o defender a una persona inofensiva o inocente, recurriendo a los mismos golpes, la acción será neutra o incluso positiva.

En ese sentido podemos decir que el intelecto es importante para movernos libres de ataduras en el mundo material. El Karma se manifiesta en nuestras vidas como los peces están sumergidos en el agua; es decir, no hay manera ni persona que esté libre de accionar esta ley.

Atardecer

En la segunda noche de vigilia en la que alcanzó la Iluminación, Buda obtuvo conocimiento que complementó lo que conocía sobre la reencarnación: el Karma, la ley natural de causa y efecto. «Con el ojo celestial, purificado y más allá del alcance de la visión humana, vi como los seres se desvanecen y vuelven de nuevo a ser. Los vi encumbrados y caídos, brillantes e insignificantes, y vi como cada uno obtenía según su Karma un nacimiento favorable o doloroso«.

En términos sencillos, Karma significa que todo lo que hacemos con el cuerpo, el habla o la mente, tiene su resultado correspondiente. Toda acción, aún la más insignificante, trae consecuencias. Buda dijo: «No descuides las acciones negativas sólo porque son pequeñas; por pequeña que sea una chispa, puede incendiar un pajar grande como una montaña. No descuides las buenas acciones pequeñas creyendo que no aportan ningún beneficio; incluso las menores gotas de agua, acaban llenando un recipiente enorme«.

Monje

El Karma no se deteriora como las cosas externas, ni se vuelve jamás inoperante. No puede ser destruido «por el tiempo», «el fuego», «ni el agua». Su poder no desaparece nunca hasta que madura. Es importante no olvidar nunca que el efecto de nuestras acciones depende por completo de la intención o motivación a que respondan, y no de su envergadura.

Shantideva dijo: «Toda la dicha que hay en este mundo, toda proviene de desear que los demás sean felices. Y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo«.

Su Santidad el Dalai Lama dice: «Si intentas dominar tus motivos egoístas, ira y demás, y cultivar más amabilidad y compasión hacia los demás, en último término tú mismo te beneficiarás más de lo que te beneficiarias de otro modo. Por eso digo a veces que el egoísta sabio debería practicar de esta manera. Los egoístas necios siempre están pensando en ellos mismos, y el resultado es negativo. Los egoístas sabios piensan en los demás tanto como pueden, y el resultado es que ellos también se benefician«.

Tratemos de cultivar un corazón que anhela que los demás seres encuentren una felicidad duradera y actuar para proporcionar esa felicidad, alimentar y practicar la amabilidad. El Dalai Lama lo dijo: «No hay necesidad de templos, ni hay necesidad de filosofías complicadas. Nuestro propio cerebro, nuestro propio corazón es nuestro templo; mi filosofía es la bondad«.

vitrales

Dado que todo es impermanente, fluido e interdependiente, nuestra forma de obrar y pensar modifica inevitablemente el futuro. No hay ninguna situación, por desesperada o terrible que parezca como una enfermedad mortal por ejemplo, que no se pueda utilizar para evolucionar. Y no hay ningún crimen ni crueldad que el arrepentimiento sincero y la auténtica práctica espiritual no puedan purificar. En Tíbet, dicen: «La acción negativa tiene una buena cualidad; puede redimirse«. De modo que siempre hay esperanza. Aún los asesinos y los criminales más empedernidos, pueden cambiar y vencer el condicionamiento que los condujo a sus crímenes.

Cualquier cosa que nos esté ocurriendo ahora, es reflejo de nuestro Karma pasado. Si somos conscientes de eso, si realmente lo sabemos, cuando nos acosan el sufrimiento y las dificultades no los consideramos un fracaso o un desastre especial. Tampoco concebimos en modo alguno al sufrimiento como un castigo. Tampoco nos acusamos ni nos dejamos llevar por el odio hacia nosotros mismos. El sufrimiento es una escoba que barre todo nuestro Karma negativo. Incluso podemos sentirnos agradecidos porque un Karma está llegando a su final. Cada vez que actuamos de un modo negativo, la consecuencia es dolor y sufrimiento; cada vez que actuamos de un modo positivo tarde o temprano el resultado es felicidad.

Para mayor información, puedes comunicarte con Darwin enviándole un correo electrónico a darwinalmeida380@hotmail.com
La Casa de Bambú,
22892011 0982367237
Quito (Cumbayá) – Ecuador

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