Autor: Darwin Almeida Hari Damodara Dass – Escuela de Yoga de línea Vaishnava.

La alimentación es un área de nuestra vida en la que podemos experimentar directamente la amabilidad que recibimos de los demás. Es también el espacio en el que podemos percibir nuestra dependencia respecto al planeta y a la sociedad. Cada vez que nos alimentamos, estamos aceptando un don del planeta y del Universo junto con las personas que nos proporcionan ese sustento. Cada comida nos permite degustar su amabilidad hacia nosotros.

Todo lo que nos sirve de alimento, llega a nuestro plato a través de largas y complejas redes que involucran a muchos seres vivos, como también lo son la tierra, la lluvia, las nubes, la Luna, el Sol, en fin, que se suman a este proceso, participando todo el Universo y nuestro planeta contribuyendo a crear lo que necesitamos para sobrevivir a lo largo de toda nuestra vida.

Desgraciadamente, muchos de estos sistemas implican explotación de la mayoría de predecesores que nos alimentan. Seamos o no conscientes de ello, comemos los subproductos de esa explotación, nos beneficiamos de ellos y tenemos parte de responsabilidad por ese sufrimiento. Nuestra alimentación es entonces un subproducto de sufrimiento físico y mental de quienes laboran en condiciones de explotación, el daño perdurable que se le está haciendo a la Tierra, al agua y al ambiente con los pesticidas llegando incluso más allá, causando muerte violenta y masiva de animales indefensos a los que se les explota por sus cuerpos, carne, lana, piel, etc.

Además de la gravedad de esta situación que acabo de mencionar, en la que están involucrados seres humanos que comercian para acumular grandes sumas de dinero con esta explotación generalizada, existe algo más grave que es el hecho de impedir que los alimentos lleguen a una gran cantidad de la población mundial. En pleno siglo XXI, estos mismos mercaderes y explotadores han provocado malnutrición y hambre en muchos sectores del planeta. En resumen, los sistemas que manejan nuestra “alimentación” supuestamente intencionados para nutrirnos, no sólo que no lo hacen, sino que ocasionan gran daño en el entorno y a nuestros cuerpos y dejando sin comida a muchos otros grupos.

Cambiar nuestra alimentación puede en principio parecer difícil porque el alimento está relacionado con muchos ámbitos de nuestra vida personal y social: aspectos económicos, públicos, políticos, normas sociales, el medio ambiente y hábitos personales. Sin embargo, qué y cómo comemos es algo que está cambiando continuamente. La industria alimentaria no siempre ha tenido la forma que actualmente tiene. Hace menos de un siglo, no había cadenas de comida rápida, hace tan sólo unas décadas no existían los fertilizantes químicos, hace unos pocos años no se habían empleado las semillas genéticamente modificadas. Todas estas son innovaciones recientes.

Además, nuestros sistemas de alimentación fueron creados por intervenciones humanas, y por consiguiente los humanos pueden cambiarlos. De hecho, se encuentran ya en un proceso de rápida transformación, en constante estado de cambio. Esta es la naturaleza de todas las cosas. En realidad, es más difícil que los sistemas permanezcan perpetuamente estancados que el hecho de que cambien de forma continua.

“Para mirar a los otros necesitan un par de ojos; para mirarte a ti mismo necesitas el espejo de tu propia mente”.

Orígenes del hambre

Las redes de producción y distribución de alimentos producen no sólo comida, sino también hambre. Al igual que en otros sistemas como la educación y la salud nuestro sistema alimentario tiende a beneficiar a los más poderosos, ya que está vinculado a nuestro sistema económico favoreciendo a las personas más adineradas en detrimento de los de escasos recursos. Estos pueden argumentar que la razón subyacente de sus carencias es que han sido constantemente limitados y marginados. Los han confinado a la indigencia para sus beneficios, los inmigrantes que trabajan los campos, obreros que procesan alimentos en situación de explotación y sin embargo apenas tienen lo suficiente para sus familias. Si analizamos críticamente, una “sociedad avanzada” será aquella que presente desenfreno y la avaricia como signos de atraso. Tal vez la voluntad de beneficiarse a sí mismos a expensas de los demás debería ser un signo decisivo de lo que realmente es estar “atrasado”.

Expresar que alguien es pobre no es del todo correcto, sería mejor decir que lo hemos empobrecido siendo notoriamente el lado oscuro del “sueño americano”. Se completa la situación por la falta de seguro médico, de modo que para resolver sus problemas de salud tendría que pagar de por vida sus cuentas. De este modo, nuestro sistema social y económico confina activamente a los llamados pobres en su pobreza.

Manteniendo esta dinámica, cuando somos gratos por los alimentos que llegaron a nuestra mesa, también estamos conscientes con la responsabilidad del hambre de muchos al mismo tiempo. Cuarenta áreas de cultivo podrían alimentar a un carnívoro o a veinte vegetarianos o a veinte veganos. Esto nos indica que si nuestro mundo llegase a hacerse vegetariano o vegano, se podría dar de comer a una población veinte veces superior. Si nos planteamos seriamente terminar con el hambre, creo que este hecho merece que se le preste una seria atención. Estemos o no de acuerdo en que el consumo de carnes es insostenible a largo plazo, hay que reconocer que no es nuestra opción más inteligente y ciertamente, tampoco nuestra opción más compasiva.

Muchas personas gastan gran cantidad de energía tratando de estar sanos: pasan incontables horas haciendo ejercicio, en el gimnasio, asistiendo a clases de yoga. Sin embargo, se olvidan de algo muy importante… ¿Hasta qué punto es saludable comer carne?

Cuando se ingiere carne, se introduce en el organismo TODO lo que estaba en el animal: sus hormonas de crecimiento, antibióticos y vacunas, infinidad de pesticidas, entre otros, puesto que el alimento dado a los animales es muy poco probable que tengan certificados ecológicos.

Sabemos mucho acerca de los efectos físicos de la adrenalina, el estrés y el miedo, y no podemos si quiera imaginar el pánico en los mataderos cuando los animales huelen la sangre de los que han sido sacrificados. Cuando comes carnes, no sólo ingieres sustancias químicas de las que están atiborrados los animales, sino también su estrés emocional y físico que experimentan a lo largo de sus vidas y en el momento de su muerte. Este estrés es también parte de tu comida.

Las personas que han comido yogurt de animales libres, han notado la diferencia en su sabor, siendo muchísimo más sabroso que el de animales alterados; y claro, la diferencia radica en que las vacas pastan en libertad. Cuando los animales están relajados y felices, la leche y el yogurt saben mejor y son saludables. Quizá no puedas comprar sólo productos biológicos. Incluso si te puedes permitir comer únicamente alimentos biológicos, es posible que no encuentres todo lo que necesitas en el lugar donde vives. O tal vez si están a la venta, pero no se cultivan en tu zona.

Llevar en avión o transportar alimentos de cualquier modo desde regiones lejanas, consume una gran cantidad de combustibles fósiles, y en consecuencia, comer alimentos que no han crecido localmente tiene otros impactos adversos sobre el entorno. Por muchas razones, la opción ideal en términos de salud e impacto medioambiental puede simplemente no estar a tu alcance. Pero, en la medida en que eres conocedor de lo que estás comiendo, al menos harás mejores elecciones dentro de lo que sea posible en tus circunstancias particulares.

Por el contrario, si permaneces inconsciente o te niegas a considerar estos problemas, no podrás evitar causar alguna forma de daño, a tu propio cuerpo, al medio ambiente o a las personas o animales explotados en el proceso de elaborar tu comida. Aprender a preparar aunque sea sólo un plato es un paso sencillo pero importante, que podemos dar. Cocinar puede ser una forma de reunir a la gente, de aportar calidez, proximidad y salud al hogar y a nuestra familia o amigos.

Los pequeños actos pueden ser grandes. Nuestra propia existencia en el planeta depende de ellos. Incontables actos pequeños se han unido para hacer posible nuestra vida. Innumerables semillas han sido sembradas, e innumerables manos han alimentado en silencio a las plantas. Las semillas son diminutas y las manos pueden ser muy pequeñas; pero ambas, en comunión, producen las más vastas cosechas que alimentan a todo un planeta.

Todos dependemos de la presencia de incontables causas y condiciones para que nuestra vida sea posible. Este mismo principio de interdependencia significa que nuestra presencia es también una condición para el bienestar y la felicidad de otras personas. Nuestra vida se desarrolla en un contexto de completa y constante interconexión. Esto tiene como consecuencia que cualquiera de nuestros actos pueden tener un impacto sobre los demás.

Para mayor información, puedes comunicarte con Darwin enviándole un correo electrónico a darwinalmeida380@hotmail.com

La Casa de Bambú,
22892011 0982367237
Quito (Cumbayá) – Ecuador

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