Autor: Darwin Almeida Hari Damodara Dass – Escuela de Yoga de línea Vaishnava

Reconsiderar nuestro consumo de carne es una manera en la que cada uno de nosotros puede generar un impacto directo en el bienestar de nuestro planeta.

Ser vegetariano o vegano tiene muchas implicaciones éticas, pero es también una cuestión de protección ambiental, ya que la dependencia de los humanos hacia la carne es una de las causas fundamentales del cambio climático. Aproximadamente el 20% de las emisiones de gases invernadero en el mundo son causadas por la crianza de animales para el consumo humano. El gas metano emanado contribuye más al cambio climático que el dióxido de carbono, por lo que si los seres humanos hicieran un cambio significativo hacia el vegetarianismo o veganismo, podríamos reducir extraordinariamente el calentamiento global.

Hay que tomar en cuenta que además, se necesitan inmensas cantidades de agua y tierra (campos), combustibles y muchos recursos para el mantenimiento de los animales que consumimos, muchísimo más de lo que se precisa para cultivar lo necesario para una dieta vegetariana o vegana. Varios estudios indican que la tierra utilizada para producir alimentos para una persona carnívora, podría sostener a veinte vegetarianos o veganos. Es por esto que nuestra huella ecológica podría ser mucho menor si abandonamos las carnes.

Y si esto no fuera suficiente, las condiciones en las que viven y mueren los animales no humanos, criados para servir como alimentación son extremadamente inhumanas. Aunque como animales humanos tenemos consciencia de esta realidad, muchas personas siguen sin convencerse de cambiar su dieta. ¿Por qué? Porque la mayoría de las personas que quisieran dejar de comer carne han sido incapaces de intentarlo conscientemente afirmando que la razón es el “buen sabor y el hábito”. Es este el poder que tienen las sensaciones y las emociones frente al intelecto. Por estar esclavizados a su antojo emocional por la carne, muchos no quieren dejarla aunque sepan que es eso lo que deberían hacer. Además del gusto por su sabor, la mayoría no tiene ninguna razón real para seguir comiéndola.

Comparando estas razones con las que indican que no deberíamos comer carnes: numerosas razones éticas, de salud, espirituales y medioambientales, lo más inteligente siempre será no comer carne. Sin embargo, todavía nos conformamos con la justificación de nuestras papilas gustativas, para tratar de eclipsar todos los demás factores.

Aunque tengamos una comprensión sana de los méritos relativos de no comer carnes, aunque comprendamos el impacto de la industria ganadera sobre el medio ambiente, no nos sentimos movidos a seguir los dictados de nuestra propia razón. Es por esto que es necesario construir un puente entre el corazón y la mente.

  • No es suficiente con que los textos o nuestros maestros nos digan que debemos evitar comer carnes, porque hemos visto que no es suficiente. Si esperamos hacer algo hacia lo que nos sentimos presionados u obligados, es probable que cuando esa persona no esté presente, volvamos fácilmente a viejos hábitos.
  • La solidez de los argumentos para mantener una dieta vegetariana o vegana tampoco es suficiente, ya que aunque la mayoría de personas piensan que las ideas son más estables que las emociones. Si no albergamos un sentimiento real por un asunto, con frecuencia nuestro compromiso será muy inestable.
  • Es por eso que el mejor argumento quizá sea que la protección a la vida. Ser vegetariano o vegano es un acto supremo para salvar vidas.

Si los seres humanos nos consideramos “animales racionales” -inteligentes-, deberíamos reconsiderar nuestra creatividad inventiva, buscando verdaderas alternativas para fuentes alimentarias de una sociedad que requiere muchas. Además, mejorar la forma de manejar nuestra tecnología sin destrucción y contaminación, haría sin duda ubicar a la especie humana en la cúspide que siempre ha soñado estar.

Los seres humanos somos capaces de ser sabios guardianes y compasivos de nuestro planeta, ya que hemos aprendido a distinguir y elegir entre lo que es saludable, benéfico y lo que no, evitando lo perjudicial. Esta premisa hace que nos respondamos a muchas preguntas como: ¿Quiénes son realmente los propietarios del planeta? o ¿Quiénes fueron nuestros antecesores?

A los seres humanos nos gusta pensar que los “dueños” somos nosotros, teniendo siempre presente el yo y el mío. Es por esto que decidimos y echamos a patadas a los demás de “nuestra tierra”, pero debemos saber que algunas ciencias corroboran que los animales ya habitaban antes este planeta antes que nosotros. Tomando en cuenta este contexto, es trágico que pongamos nuestra inteligencia al servicio de usos distorsionados. Precisamente en estos momentos estamos esquilmando nuestro entorno y haciendo uso de él de la forma más agresiva. Tiramos sin ningún motivo artículos que todavía funcionan perfectamente y sólo para hacernos con algo más nuevo, sin dedicar un sólo pensamiento a los recursos consumidos o a dónde irán aquellos artículos que hemos desechado. De la misma manera matamos animales simplemente para comérnoslos, o incluso sólo por simple y pura diversión. Entonces, todo lo tomamos de la Tierra y de los que viven en ella y ¿Qué les damos a cambio?

Los recursos materiales son limitados, mientras no existe ningún límite para el número de personas y animales que poblarán este planeta en las generaciones futuras. Todos ellos dependerán de que les dejemos un hogar que pueda mantenerlos. Es así que debemos sobreponer la compasión, sobre ciertos pensamientos y emociones y proyectarlos a nuestros hijos que decimos amamos mucho y queremos lo mejor para ellos.

Para mayor información, puedes comunicarte con Darwin enviándole un correo electrónico a darwinalmeida380@hotmail.com
La Casa de Bambú,
22892011 0982367237
Quito (Cumbayá) – Ecuador

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